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El origen del Hurlingham Club
A fines del siglo XIX había muy pocas oportunidades en Buenos Aires para la práctica de deportes.
La institucionalización de las actividades deportivas en nuestro país comenzó con el auge del comercio internacional, la construcción de los ferrocarriles de mano de los ingleses y el creciente número de británicos que llegaban a las costas del Río de la Plata.
Fue en ésa época que se fundaron aquí los primeros clubes sociales y deportivos, clubes que imitaron a las exitosas instituciones existentes en Inglaterra con los deportes que se practicaban allí: cricket, football (futbol), rugby, polo, golf, bat fives, raquets, tennis (tenis), bowls (bochas de césped), shooting (tiro), hípica, caza de zorros (a caballo) y carreras de caballos, entre otros.
John Ravenscroft, un inglés que estaba poblando la estancia “Tres Cueros” en Puán, tuvo la idea de reunir a los súbditos británicos que vivían en nuestro país, para que dentro de un solo establecimiento tengan la posibilidad de encontrarse socialmente y practicar todos los deportes posibles sin distinción. Se le ocurrió modelar el club sobre el ya existente y muy respetado “Hurlingham Club” de Londres. Un club que fue fundado allí en 1869 y que era el órgano rector del polo en todo el mundo.
Según el Libro de Actas del “Buenos Aires Cricket Club”, el 17 de septiembre de 1886 hubo una reunión de Directorio en la cual se discutió una propuesta efectuada por John Ravenscroft. Los Directores, luego de una prolongada discusión, decidieron “…que no ven suficientes motivos para cambiar la actual ubicación del club…”, y que “…El Sr. Ramsey se ocupará de comunicar esta resolución a los Señores interesados en la creación del Hurlingham Club…”
Dos años más tarde, en 1888, John Ravenscroft logró reunir el apoyo financiero necesario. Recibió aportes de John Dawson Campbell, Walter Dawson Campbell, Hugh Scott Robson, David Methven, Michael Gibson Fortune, el mismo John Ravenscroft y, al poco tiempo, los dos John Drysdale.
El 6 de octubre de 1888, se reunieron en Asamblea Constitutoria: John Campbell, John Drysdale, John Ravenscroft, John Drysdale (sobrino), Hugh Scott Robson, B.W. Gardom, David Methven y como Suplentes: Edward Casey, Alexander Hume y David Bankier quienes redactaron los Estatutos de la “Sociedad Anónima Hurlingham Club”, los que fueron presentados al gobierno para su aprobación.
El 22 de noviembre de 1888 el Presidente de la Nación, Dr. Miguel Juárez Celman, firmó y aprobó los Estatutos.
En 1886 la “Compañía Ferrocarril de Buenos Aires al Pacífico” de capitales británicos había inaugurado la vía férrea que unía Mercedes (Provincia de Buenos Aires) con la Provincia de San Luis, y en 1888 amplió la traza para unir los 107 Km entre Mercedes y Palermo. (Recién en 1912 se extendería la cabecera a Retiro).
La intención original de John Ravenscroft era la de ubicar el club en la zona de Belgrano, pero se enteraron los dueños de las propiedades en esa zona y los precios subieron fuera de toda posibilidad. Intentó luego en Flores, Chacarita de los Colegiales, Villa Devoto y también en Vicente López. Finalmente el Sr. Hill, Gerente General del mencionado Ferrocarril Pacífico (hoy UGOFE S.A. - Línea San Martín) prometió su apoyo. El Sr. Hill era un entusiasta jugador de cricket y su empresa, que era de capitales británicos, estaba interesada en el proyecto de nuevo club. Quizás éste haya sido el argumento de mayor peso cuando finalmente se decidió ubicar el club en un campo remoto y de difícil acceso, pero que estaba justo al lado de dónde pasaba las nuevas vías del Ferrocarril Pacífico.
El 1º de abril de 1889 se celebró la primera reunión de la S.A. Hurlingham Club para aceptar la suscripción de 124 acciones. Tres días después, el 4 de abril de 1889 se reunieron nuevamente los socios para designar el primer Directorio y para aceptar una oferta del Sr. Hugh Scott Robson quién vendería al Club 337.479,32 m2 de campo abierto (era un tambo) por la suma de $ 40.000. Estaba ubicado en el paraje conocido como “La Estanzuela”, un lugar estratégicamente situado cerca de las vías del Ferrocarril Pacífico, y a pocos metros del recientemente construido “tranvía rural” de carga de los Hermanos Lacroze.
El lugar elegido era un campo desolado y despoblado. En la cercanía sólo existía algún que otro rancho, una casa de la familia Pereyra, y una pulpería que pertenecía a Nicolás E. Macchiavello. No existían automóviles ni rutas, ni calles. Sólo unas pocas sendas o caminos de tierra. La manera más confiable de llegar al Club era montado a caballo. (Se cuenta también de socios aventureros que alguna vez vinieron remando desde Tigre...!).
Al principio, para llegar al Club se cabalgaba desde Flores, pasando por Floresta, Liniers y Ramos Mejía. Desde allí se cruzaba campo abierto hasta encontrar las vías del tranvía para luego seguir la vía hasta llegar al Club. El viaje no era fácil porque había que cruzar pantanos, bañados y hasta un campo de tiro, lo que agregaba algo de aventura y peligro a la incomodidad.
El “tranvía rural” Lacroze era un transporte de cargas tirado por mulas que corría una vez al día, cuya primera sección entre Chacarita y Luján había sido librado al servicio público el 6 de abril de 1888. El tranvía admitía algún que otro pasajero pero era poco usado porque era lento, además de sufrir impredecibles demoras causadas por la carga y descarga de mercadería durante el trayecto.
El trabajo de construcción del Club comenzó rápidamente. El diario en idioma inglés “The Standard”) en la edición que se publicó el 29 de marzo de 1889, informó que “…se puede observar el terreno desde el tren y el tranvía rural. El mismo está bien cercado con alambre tejido, y los edificios están creciendo rápidamente. Se está techando el “lodge” (alojamiento), y están casi terminados la cancha de “racquets” y el “fives court”. Se está comenzando la construcción del alojamiento “pavilion”, los edificios de ladrillo y las caballerizas…”
La estación Hurlingham no existía. En los primeros años, los socios que querían viajar en el Ferrocarril Pacífico se paraban al costado de la vía y hacían señales al maquinista del primer tren que pasaba y, si bien no era reglamentario, los maquinistas con la anuencia de los gerentes, frenaban los trenes en ese lugar para subir a los pasajeros.
La contratación de William Lacey fue instrumental para el Club (y lo que luego sería el pueblo de Hurlingham). Este profesional de cricket inglés, que había vivido un tiempo en Canadá, tenía sólo 28 años cuando llegó al Club con su esposa y sus tres hijos (luego iba a tener dos hijos más aquí y una sexta, la única hija). La familia se instaló en lo que hoy en día se conoce como “La Casita de los Niños” (no estaba aún terminada). Tan importante sería su historia que bien merece un artículo aparte. Se lo conocía como “El mago de Hurlingham”. Fué artífice, constructor, instigador de mejoras, gerente y deportista. Amigo de todo el mundo, en las buenas y en las malas, fue consultado a menudo por toda la población radicando en las cercanías. También solía hacer de “médico” improvisado en la emergencia y, con la ayuda de su Señora, hasta “partero”. Su energía, entusiasmo y poder de organización eran legendarios. William Lacey encarnó el verdadero espíritu de Hurlingham. Con su ejemplo enseñó a tantas personas cómo se debía ganar – cómo perder y, que lo más importante era cómo jugar el partido. Excelente jugador de polo y cricket, fue además padre del legendario Luis Lacey, el primer 10 de hándicap en polo de la Argentina.
William Lacey se puso de inmediato a supervisar las construcciones. Bajo su dirección se alambró el resto del campo, se drenaron los bajos, se niveló el terreno, se plantaron los primeros arboles y se preparó el cricket pitch.
El 10 de julio de 1889 el Directorio aprobó el presupuesto presentado para la instalación de las vallas que cercarían la futura pista de carrera de caballos (alrededor de las actuales canchas de cricket y Nº 1 y 2 de polo). Sería el primer hipódromo de césped de nuestro turf Argentino. Aún hoy se pueden ver lo que quedó de estas vallas separando la cancha de polo Nº 2 del fairway del hoyo 1.
El 6 de enero de 1890 se jugó el primer partido de cricket en Hurlingham. El oponente fue el Buenos Aires Cricket Club. William Lacey obtuvo el mejor “score” para Hurlingham con 22 “not out”. Un tal “Sr. Hill”, obtuvo un buen “score para B.A.C.C”. (Se presume que era el Gerente General del Ferrocarril Pacífico quién había apoyado el proyecto de club). Tal como lo prometió, el Ferrocarril Pacífico apoyó el evento deportivo y social. La empresa puso un tren especial a disposición de los hombres por la mañana, y otro para las damas a la tarde.
Como los jugadores acostumbraban viajar al Club la noche anterior, el Ferrocarril también facilitó un coche dormitorio para uso exclusivo de los jugadores. Esta práctica continuó hasta que el Club pudo contar con dormitorios adecuados. El coche dormitorio se estacionaba en una vía muerta en Hurlingham.
Existen algunos indicios de un partido de rugby que se jugó el 1 de junio de 1890, donde B.A F.C. (Buenos Aires Football Club) venció a Hurlingham. También hay registros de otro partido que se jugó seis años más tarde donde B.A.F.C. también venció a Hurlingham por 16 a 14. En este partido también jugó William Lacey, pero no muy bien… porque no sabía jugar rugby!
Hacia fines de 1889 se presentó una carta al Ferrocarril peticionando la instalación de una estación cerca del Club. Como resultado, en 1890 se habilitó la estación Hurlingham con un solo servicio por día a Palermo.
Unos meses después, el 16 de mayo de 1890, se decidió que la cancha de polo estaba en condiciones y se jugó el primer torneo.
El 11 de julio de 1890, el diario “The Standard” publicó una descripción de la inauguración de la pista de carreras de caballo del Hurlingham Club celebrada el 9 de julio de 1890: “…un tren especial transportó la Comunidad Británica al Club donde la tribuna (hoy el Pabellón), un edificio imponente construido para albergar 600 personas, estaba casi en su totalidad ocupado por las damas…” y también “…la pista estaba espléndida, la mejor de Buenos Aires. Medía 2.000 metros con curvas perfectas…”
En junio 1890 (algunas fuentes dicen octubre 1890) se jugó football por primera vez en el Club. El resultado: Buenos Aires le ganó a Montevideo.
El primer torneo de golf se jugó el 26 de junio de 1892.
El primer partido de golf contra otro club (la cancha tenía sólo 9 hoyos) se jugó en julio de 1892. El oponente fue el club San Martín.
En julio de 1893 el diario “The Standard” informó que el Club tenía unos 300 socios, cada uno de los cuales pagaba $ 50,00 por año. Comentó además que en el próximo mes comenzaría la construcción de un “Club House” con 32 dormitorios.
En 1893 hubo una crisis comercial en el país y el Club por poco tuvo que ser liquidado. Se suscribieron Obligaciones por $ 50.000 en marzo de 1893, y un nuevo importe el 16 de agosto de 1893.
Pese a la crisis, en octubre 1893 se jugó el primer partido de lo que sería el Campeonato Abierto de Polo más antiguo del mundo. Este partido contribuyó enormemente al progreso del Club, y lo sacó de la crisis, “…ya que se logró el entusiasmo de los hombres del campo…”
El nuevo “Club House” con los dormitorios fue inaugurado en 1894 y en el mes de marzo se organizó un evento que duró cuatro días, que incluyó carreras de ponys, un torneo de polo y un partido de cricket contra H.M.S. Racer (un barco de guerra inglés que estaba de visita) . Se colmaron las habitaciones en el nuevo Club House y el Ferrocarril nuevamente puso a disposición un coche dormitorio estacionado en la vía muerta.
La Asociación de Atletismo del Río de la Plata organizó, más de una vez en Hurlingham, su campeonato anual. Se menciona que el 15 de agosto de 1895 se compitieron por: carreras de 100 yardas, carreras con vallas, salto en largo, salto en alto, lanzamiento de bala, lanzamiento de martillo y salto con garrocha.
Hubo una nueva crisis económica en el año 1900. Fue una época muy dura donde hubo que hacer muchas economías y además sacar un crédito con el Banco de Londres y Río de la Plata.
Pese a la crisis en ese año se hicieron algunas mejoras en el Club. Estas incluían la compra de ovejas (las ovejas se usaban para cortar el pasto), la construcción de “…un baño para mantener las ovejas libre de sarna…” y “…la compra de varias vacas…” (Para proveer leche fresca a los socios).
En 1902, según el Libro de Actas, el Club solicitó al ferrocarril el mejoramiento del servicio de los trenes locales.
Desde 1904 hasta 1910, el Jockey Club, debido a la crisis, pagó una subvención a la actividad del turf en Hurlingham. La única condición fue que se incluyeran en los programas carreras lisas.
En 1910 el Club suspendió definitivamente las carreras de caballos cuando el Gobierno Nacional promulgó la ley que prohibía las carreras de caballos en días de semana.
El Club House fue ampliado y modificado en 1931.
Es interesante notar que, igual que los clubes en Inglaterra, el Hurlingham Club, en sus primeros años, fue un ámbito reservado casi exclusivamente para caballeros, las damas eran apenas toleradas.
Como ejemplo se puede mencionar que hasta aproximadamente 1940, la escalera principal que subía a las habitaciones en el Club House estaba reservada para uso exclusivo de los caballeros. Las damas tenían que subir por la escalera chica al lado del “Ladies”! La sala de billar también estaba “fuera de límites” para las damas.
En esa fecha el Ferrocarril Pacífico ofrecía un servicio excelente con una cantidad de trenes rápidos, confiables y puntuales que cubrían el trayecto entre Hurlingham y Retiro en tan sólo 31 minutos (Había un rápido de Retiro a Hurlingham los sábados que tardaba 28 minutos (que además tenía un coche comedor con bar!). Era muy cómodo vivir en el Club y trabajar en el centro. Había una población estable que vivía en el Club todo el año. Además de habitaciones, se ocupaban varios chalets, (la “Casita de los Niños” era uno de ellos), dos departamentos (ocupadas por matrimonios) y habitaciones para solteros en el Pabellón (donde hoy está el gimnasio).
Una población estable cada vez más añosa hizo que en un momento el Club comenzara a parecerse a un geriátrico. Por tal motivo el Directorio tuvo que limitar la estadía de personas mayores a no más de tantos meses continuados al año!
En el restaurant era costumbre que todos los hombres solos, los que no estaban acompañados por una dama, se sentaran en una mesa grande comunitaria llamada “Bachelors’s table” (Mesa de solteros). Esta mesa se situaba en la cabecera del salón.
Era tradición de que todo socio debía siempre comportarse como un caballero, y los códigos de vestimenta eran muy estrictos. No se podía ingresar en el comedor sin saco ni corbata (aún en verano).
Los almuerzos de los domingos eran famosos por el gran Buffet, el “Roast Beef con Yorkshire Pudding” y el “Steak and Kidney Pie”.
Los tés eran igualmente famosos, como así también era muy popular el juego de Bridge entre las damas.
Desde los primeros momentos se hicieron frecuentes Kermeses en el Club para reunir fondos para caridad. Durante la guerra, se recolectó para todo tipo de causas a favor de los Aliados, también para el envío de comida a los prisioneros de guerra ingleses y para la Cruz Roja.
Los fines de semana eran muy animados. Se hacían bailes todos los meses. También “Balls” (Grandes bailes de gala) varias veces al año. Los bailes siempre terminaban con un desayuno completo con “eggs and bacon” (huevos con panceta) para todos. En una época se solía reservar un tranvía exclusivo en el Ferrocarril Lacroze (ya electrificado) para llevar a los participantes (todos vestidos de etiqueta) de regreso a Buenos Aires. Siempre había algún pícaro que bajaba el brazo del “trolley” cuando se estaba transitando por algún paraje oscuro, quitando tracción a los motores y apagando las luces!
Las fiestas y los bailes solían comenzar muy formalmente para luego convertirse en animados, ruidosos y a veces alborotados (en el buen sentido de la palabra). En una ocasión, en un baile de etiqueta, Buddy Ross, un eximio deportista, ingresó a la pista de baile en el salón principal del Club House montado a caballo…!
Si había roturas de muebles u otros elementos (cosa que ocurría…), éstas se inventariaban cuidadosamente y se facturaban de inmediato al socio (o socios) involucrado(s). Era una cuestión de honor pagar sin demoras ni cuestionamientos.
Cuando se pedía presupuesto para una fiesta privada (En el Club o en establecimientos en el Centro de Buenos Aires) en un tiempo era costumbre presentar dos presupuestos uno decía: “…con Rumboll…” y el otro: “…sin Rumboll…”. Los hermanos Bill y Dick Rumboll eran muy respetables aunque extrovertidos y bulliciosos baluartes de la comunidad, pero si estaban invitados, aumentaba automáticamente el costo del presupuesto!
Los tiempos cambian, y el Club progresa. Las competencias de caza (con escopeta) de perdiz, patos y “snipe” en los bajos de Hurlingham, y de palomas cerca de la cancha actual de cricket, dieron paso a otros deportes a medida que se fue ocupando el terreno. La cancha de golf de 9 hoyos fue construida y luego ampliada a 18 hoyos, la pista de carreras de caballos fue reemplazada por las canchas de polo y cricket. Se dejó de jugar rugby. El “fox hunt” o caza de zorro (en la variante practicada aquí, sin zorro), que era una cabalgata a campo travieso, sorteando o saltando todos los obstáculos naturales, terminó. El Pabellón, de ser palco de carreras, fue convertido en vestuario de caballeros. Las actuales canchas de tennis Nº 1, 2 y 3 fueron convertidas de pasto (el mantenimiento era caro) a polvo de ladrillo. Se eliminó la cancha de “Bowls” (ya nadie jugaba) para construir encima las canchas de tennis Nº 10 y 11 (Si se mira con cuidado, aún hoy se puede ver, frente al tablero del “starter” de tennis, un pedacito de lo que quedó de la cancha de Bowls con su zanja perimetral). Se abrió la antigua pileta de natación (antes se entraba por una pequeña puerta de chapa que no permitía ver el interior… había días y horarios exclusivos para las damas!) Se construyó la nueva pileta a nivel donde antes se practicaba cricket en los “nets”. Se eliminaron las habitaciones de hombres y los departamentos en el Pabellón y se los convirtió en gimnasio, sala de masajes y sala de relax para los jóvenes. Se abandonaron las canchas de “bat fives” y la cancha de squash al aire libre y en su lugar se construyó un depósito, el bar y la parrilla para la pileta. Se convirtió la cancha de racquets primero en cancha de paleta y luego en lugar cubierto de juego y patinaje para chicos. Se vendió una de las dos mesas de billar para dar lugar a los sillones y el televisor actual. La casa donde había vivido William Lacey, donde luego habían vivido los tatarabuelos, los bisabuelos y donde había nacido el abuelo de una actual socia cadete…, pasó a ser disfrutada por todos como “La Casita” de los niños…
La vida continúa… Hubo, y habrá cambios…
Los tiempos económicos cambiaron. La comunidad inglesa, fundadores originales del Club, se fue achicando. (Las guerras de 1914-1918 y 1939-1944 no ayudaron… muchos de los voluntarios Anglo-Argentinos que fueron a las guerras no regresaron). La nacionalidad y la etnia de los socios cambió gradualmente a través de los años. De ser un club exclusivamente de ingleses, imperceptiblemente pasó a ser primero club de “Anglo Argentinos”, y luego a club de “Tradición Inglesa”.
Indudablemente, el Hurlingham Club es uno de los más prestigiosos, más lindos y más completos clubes que existen para la práctica de deportes. Pero lo más importante, el Hurlingham Club de hoy sigue la tradición de ser, como hace 120 años, un club de amigos donde se privilegia la amistad, la caballerosidad, la ética y el “Fair Play”.
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Detalle de algunos personajes importantes que visitaron y/o practicaron deporte en el Club:
Presidentes en ejercicio:
· Dr. Juárez Celman
· Dr. Carlos Pellegrini
· Dr. Roque Sáenz Peña
· General Julio A. Roca
· Dr. Figueroa Alcorta
· Dr. Marcelo T. de Alvear
· Dr. Carlos Saúl Menem
Realeza Británica:
· H.R.H. Prince George, Duque of Kent (Visitó el Club en 1931. Jugó squash en el Club con Totito Casares y Pedro Scoponi. Prestó conformidad que sea nombrado “Patrono del Club”).
· Edward of Windsor, Prince of Wales, (Jugó polo en dos ocasiones el 22 y 29 de agosto de 1925)
· Prince Philip of Edimburgh (Visitó el Club en dos oportunidades para jugar polo)
· Prince Charles, Prince of Wales (Jugó polo)
· Prínce Harry (vino a comprar botas en Fagliano en Hurlingham, y almorzó en el Club)
· The Maharajah de Jaipur (Jugó polo)
· Princess Marie Louise (Visita social en el año 1930)
jsimpson ver.9 - 07/08/2008 |